"Abba"
- Sofia Florez

- 7 nov 2019
- 4 Min. de lectura
Hace tantos años he escuchado la palabra “padre” pero creo que pocas veces he comprendido su significado real.
He tenido un padre terrenal presente, amoroso y pendiente de mis necesidades, dispuesto a enseñarme y a proveer, pero aunque sé que soy una privilegiada por tener una relación cercana con mi papi terrenal y es maravilloso, cuando tuve 10 años mi papá terrenal me motivó a conocer un amor más pleno y profundo de seguridad y protección que él mismo me podía dar y del cual él reconocía que era más supremo y tenía muchísima más excelencia de lo que él terrenalmente podía brindarme, porque al conocerlo él entendió que como padre terrenal no tenía el control de muchas cosas. Conociendo el padre celestial, él se dio cuenta que tenía el control absoluto de todas las cosas y vela por sus hijos tierna y cercanamente.

Al ver a mi papá reconocer esto, recibí su invitación de conocer a aquel Padre que no conocía pero el cual si me conocía. Creía a mis 10 años que había comprendido qué era ser hija, con sus responsabilidades y beneficios pero ¡Uff! No me imaginaba la magnitud de lo que era entrar a la relación más importante que podría tener en mi vida y que aun Jesús reconoció como algo supremo, al demostrar en cada oración y acción su dependencia al Padre.
En medio de mi curiosidad me arriesgué a abrir la Biblia y comencé a conocer a mi padre Dios, que luego lo comprendería más profundamente con la palabra “Abba”. Comencé a sentir brazos fuertes y profundos acercarse a mí disipando todos mis temores. El conocerlo como Padre me hacía sentir acompañada y segura en medio de un mundo que está tan desolado. Y, aunque tenía padres terrenales, comencé a ser consciente que como yo, muchas personas podrían tener sus padres terrenales pero no sentir la seguridad de que no estaban solos en el mundo. Por eso, como mi papá terrenal me lo recordaba, cada persona necesitaba conocer los brazos del Padre Dios. He conocido a Dios en tantas facetas, pero, como Padre es lo máximo porque no tengo que llegar con gruesa voz delante de Él o con palabras muy rebuscadas y formales para pedirle algo. No tengo que rogarle o suplicarle sino que me puedo sentar en Sus piernas con confianza y decirle “Papito, yo sé que Tú conoces mis necesidades pero amas que ponga mi confianza en Ti. Así que, te pido que me proveas para esto o aquello. Pero, por sobre todo antes que cumplas mis deseos te pido que yo pueda hacer Tu voluntad”
Mi Papá Dios me ha sorprendido de formas increíbles, cumpliendo deseos de mi corazón y peticiones que le he hecho de formas increíbles. Tanto, que muchas personas me han llamado “consentida de Dios” y, estoy segura que sí. Pero, también estoy segura que todos somos consentidos por Él. Sólo necesitamos acercarnos un poquito más y llegar a ser íntimos, cercanos como Él desea que lleguemos a Él, pegaditos a Su corazón.
Así como ha cumplido tantas cosas en mi vida, también me he dado cuenta en 9 años que Él es un Papá generoso y nos desea ver felices, pero, no es un Papá que críe hijos caprichosas. Jamás, Él sabe que en ocasiones, como un papá terrenal, nos es necesario llorar y pasar y aprender en medio del proceso, pero nos asegura que jamás nos dejará solos. Esa es la seguridad que tenemos. En ocasiones he escuchado sus “no”, pero no sus “no” de que quiera hacerme sufrir, como a veces escuchamos las respuestas de nuestros padres al negarnos algo, sino ese “no” que desea guardarnos de algo para que recibamos lo mejor.
En fin, mis historias con el Padre Dios pueden ser largas y extensas. Pero, a lo que quiero llegar es que conocí esta palabra “Abba” del arameo que significa “Papá” o “Papi” -como yo prefiero decirle- que es reconocer que lo siento tan cercano que no tengo temor de decirle cariñosamente “Papi”. Creo que es la palabra con más intimidad que pudiéramos utilizar, reconociendo nuestra dependencia absoluta de Su soberanía sobre nosotros. Como un niño que extiende sus brazos para ser cargado en los brazos de su padre, se deja en Él y no teme porque lo deje caer. Y eso quiero ser todos los días en Su Presencia, como una niña que tiene expectativa por lo que sigue, que sueña con esperanza y no con ingenuidad, que vive inspirada por cada pequeña cosa, y que agradece por cada pequeño regalo. Y tú, que no sé cual sea tu condición con tus padres terrenales, te aseguro que, sea buena o mala, así como yo, necesitamos de alguien que nos dé plena compañía.

Te invito a que conozcas a ese Abba Padre que puede saciar todas tus necesidades de identidad, económicas y emocionales y hasta mucho más, porque sé que el no tener buena relación con nuestros padres puede afectar muchas de nuestras conductas y perspectivas de la vida.
Cuando conocemos el amor del Padre Dios, ese mismo nos puede sanar de todas nuestras heridas y cambiar nuestra perspectiva distorsionada sobre muchas cosas que creemos y no son así, restaura la relación más importante que puedas tener en tu vida, la de hij@.







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