Desmantelando los estereotipos parte I
- Sofia Florez

- 12 sept 2019
- 3 Min. de lectura

Las últimas semanas ha estado rondando un tema muy fuerte en mi cabeza: el amarnos con nuestros imperfectos. Aunque en algún punto de mi vida siempre creí que era muy fácil amarme porque siento que tengo valor y tengo una belleza única como cada uno de los que me rodea, me he encontrado en el punto de analizarme y tener que reconocer que en ocasiones no veo todo de mí tan hermoso y es difícil aceptar imperfectos que han estado allí por mucho tiempo. Siempre he querido negar eso de que nuestro peor crítico somos nosotros mismos, pero, eso es tan real, y en medio del camino, por más cosas buenas que sepamos, por más pro que seamos y por más buenas personas que queramos ser con otras o aún amar a Dios intensamente, este solo hecho se contradice si en medio de esto no nos amamos y valoramos a nosotros mismos, no apreciamos y celebramos la diversidad con el cual Dios nos ha creado.
Pero aquí está el dato clave del asunto. El primer problema es la cantidad de estereotipos que nos rodean, lo que se supone que tenemos que ser para ser aceptados y que, irónicamente, aunque todos lo odiamos todos lo aceptamos (me incluyo al 100 por eso, una de tantas cosas que estoy en proceso de cambiar).

Pero, la cosa es que no podemos simplificar la complejidad que somos en cuadriculadas plantillas en las cuales queremos encajar.
Creo que a veces nos dedicamos mucho a esos estereotipos y aún yo he caído en eso lo confieso. Pero, pensándolo bien me irrita también a lo que nos lleva a esa competencia y comparación que se refleja a veces en comentarios que, aunque pareciera que nos hicieran más fuertes en realidad reflejan nuestra debilidad en cuando a nuestro amor propio. Frases como: “¡Uy! Es que esa lo fea yo soy mejor.” “Es que tienes que tener el cuerpo y medir no sé cuánto”, “Necesito maquillaje porque hoy estoy horrible” (y no digo que este mal, el hecho es la intención con la que la decimos).
Necesitamos llegar a contradecir esas frases que todo el mundo usa por mejor “Yo me acepto como soy y amo el proceso de ser aún mejor cada día”. Está bien si tengo días donde no me veo a mi misma tan linda, pero la naturalidad en su esencia es perfección. Me amo, me acepto en los días buenos y no tan buenos, porque debo convivir conmigo y con lo que Dios me ha dado en armonía y en amor,
y sólo he encontrado ver estos resultados cuando día a día decido verme como Jesús me ve: con ojos de amor, no dejando regir mi vida por lo que se supone que debe ser para agradar a los demás sino porque comprendo que yo soy quien Dios dice que soy.
Él me da un valor único y no debe ser comparado con aquel valor que le da el que está a mi lado. Cuando comienzo por eso, el cambio de manera positiva comienza, sin darme cuenta, a ser parte de mí.
No, aquí no se trata de quién es mejor, aquí se trata de que todos somos personas con potencial de ser mejores, trabajables, enseñables, moldeables. El físico es pasajero y a veces nos desgastamos queriéndonos parecer a la última o el último influencer y pasa mucho, porque también me ha pasado. Pero, el problema es querer ser idénticos a ellos cuando deberíamos ser auténticos, no imitadores. Hay cosas que podemos admirar, ¡Sí!... que tal vez queramos mejorar algunos aspectos de belleza y salud, ¡Sí! Está bien. Pero, es que es la intención, ese no debe ser el fin de nuestras vidas: movernos como todos se mueven porque eso es lo estéticamente lindo para todos. ¡No! El concepto de belleza es muy amplio y no se trata de un molde sino de la variedad, de la creatividad, del riesgo... enfocarnos más no en lo que no tengo sino en el potencial que tengo, y decidir reconciliarme con lo maravillosa creación que soy. ¿Te animas?
Con amor Sofia.











Comentarios