Lugares áridos, respuesta contundentes
- Sofia Florez

- 5 sept 2019
- 3 Min. de lectura

Imagínate que te encuentras en un lugar árido, no hay nada, literalmente. ¿De qué te agarras? No vez nada, todo está muy seco y caliente y sientes una sed que jamás habías sentido. Allí es donde la fe se pone a prueba y necesitas tener la certeza en aquello que no vez ni cerca. ¿Quién no ha tenido un mal día? O aun peor (aparentemente) ¿Quién no ha pasado por una temporada bien larga en un desierto en un lugar árido, cuando lo único que quieres son respuestas rápidas y contundentes? Allí es difícil mantener una mirada serena y tranquila de la vida. Lo único que queremos es volver a estar bien, a sentirnos plenos como cuando estamos en la playa y de vacaciones. Sólo corremos, ni si quiera sabemos hacia dónde. Y en este punto de mi vida he sentido muchos días así, pero, ¿saben? Comprendí que el desierto es mejor pasarlo de la mano con Jesús que lejos de él, comprendí que lo que necesitaba desesperadamente era conocerle aún más profundo y comprendí que me encontraba Buscando desesperadamente algo ¿no sé qué? ah Eras tú, la respuesta que necesitaba.
Él nos lleva al desierto para permitirnos interiorizar el proceso por el que estamos entrando. En el desierto sin nada es donde Dios hace todo, es donde Dios pone toda Su belleza en nosotros para no desfallecer, sino encontrar la vida abundante que nos quiere dar; valoras todo lo que un día tuviste con tanta facilidad. En este tiempo que, aunque irónicamente siento que es un desierto bien difícil en mi vida, es donde más he podido ver la mano de Dios llevándome a dar frutos. A veces leo Isaías 40 que dice: “en cambio los que confían en el Señor encontraran nuevas fuerzas, volaran alto como con alas de águila correrán y no se cansaran, caminaran y no desmayaran”. Y yo me miro, a veces hecha pedazos, y digo “¡Dios!” por mí jamás podría volar como águila. A veces simplemente me quiero acurrucar y decir “no puedo más”. Pero, es justo allí donde en medio del silencio puedo ver a Dios diciéndome “No, no, no, no naciste para quedarte ahí tirada, esto sólo es una estación que te va a llevar a tu promoción”. El desierto no es una eternidad o un estado permanente, es simplemente una estación más de la vida.

¿La clave? Disfruta el proceso, esto aplica para cualquier tipo de persona. Nos encontramos en momentos de nuestra vida donde buscamos desesperadamente una dirección, donde no estamos conformes con vivir y ya buscamos un sentido preguntándonos “¿Cuál es la dirección correcta?” El hombre existencialista se manifiesta y el Dios eterno sale a su encuentro para satisfacer el vacío del tamaño de su amor. Allí no te conformas con los que dicen que simplemente eres producto del azar y tienes que vivir pegado a lo que te tocó. En el desierto logras encontrar a Jesús como tu mayor riqueza y quien le trae sentido al complejo diseño que eres tú; te da las respuestas ideales para el momento preciso. Él lee tus pensamientos y sabe muy bien que necesitas saber antes que los que deseas escuchar.
Sí, hay belleza en el desierto porque te toca ver a la manera de Dios; o te estancas o avanzas, tú decides. Sí, hay belleza en medio de lo catastrófico; sólo es cuestión de perspectiva y enfoque. ¿Qué tan bueno hay a mí alrededor y sobre quien pongo mi mirada durante estos pasos en medio del desierto? Hay cosas hermosas en lo árido, aunque sea difícil verlo.







Comentarios