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Un día sí otro también

Actualizado: 15 ago 2019

"Persevera en el camino"







Hace poco publiqué en Instagram algo acerca de la paciencia que produce perseverancia y cómo ella era tan importante en nuestro diario vivir, cuando se trata de procesos y metas. He estado pensando mucho sobre eso de la paciencia y lo que ella produce en nosotros. Ese tema es bien complejo porque, digamos la verdad, la paciencia es una virtud que muy pocos tienen. Por tanto, muy pocos son perseverantes en sus caminos, lo cual es un error porque pretendemos que naturalmente surja de nosotros, cuando en realidad debemos esforzarnos y obligarnos a generar un desarrollo de ella en nosotros mismos si deseamos crecer un poquito (como personas, porque en estatura ya no pasó conmigo XD). En fin, volviendo al tema, tendemos a ser muy inconstantes en nuestros caminos y pasos, o, al menos, me ha pasado muy a menudo en mi vida; comienzo algo, pero, si bien no en todos los casos, lo dejo a mitad de camino. A veces soy de las personas que sacan desde las más sencillas y fáciles excusas hasta las más rebuscadas y creíbles para evitar hacer lo que tengo que hacer, creyendo que la disciplina en cualquier área de mi vida, en especial en la de buscar a Dios, o de invertir en cosas duraderas son una carga cuando son aquellas cosas que me ayudan a avanzar.



Hay algo muy importante sobre lo que he estado reflexionando y es sobre la perseverancia en nuestra relación con Dios. Digamos que comenzar una relación es sencillo si lo comparamos con el hecho de mantenerla, y eso nos pasa también con Dios. Nos enamoramos perdidamente de Él en nuestros primeros días y no dudamos en pasar tiempo con Él. Pero ¿qué pasa con los días que comienzan a ser difíciles y las ocupaciones nos agobian? Fácilmente nos pueden hacer olvidar de nuestra necesidad de alimentar la relación con Él.


Es real que algunos días tengamos la fe de un león y queramos conquistar todo lo que hay a nuestro alrededor y, en mi caso, puedo pasar horas y horas con Él. Pero, también es real que hay otros días en que tenemos la fe de un gatito y me he dado cuenta que en esos días puedo llegar a ser tan pero tan frágil que comienzo a buscar otras cosas que creo que me harán más fuerte. Allí, en tan solo ese día que ceda, puedo marcar el camino para el desenfoque de hacia dónde voy, de con quién camino y de mi propósito.


Una analogía muy linda que he encontrado es la de comparar nuestra vida con la de un deportista:

Así lo describe la palabra en 1 corintios 9:24: "Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta lo entrenó para que haga lo que debe hacer (...)"


El deportista no se levanta una mañana y dice: “No hoy no tengo ganas de entrenar estoy muy cansado." Él da lo mejor de sí todos los días de forma perseverante porque pone sus ojos en la meta. ¿Cuál es nuestra meta en nuestra relación con Dios? Conocerle profundamente y conocer su voluntad para mi vida.

De esta manera no nos sumamos al sin sentido de cosas que podemos hacer sin entender el por qué, más bien "(...) Corremos cada paso con propósito no sólo damos golpes al aire" (1 Cor 9:26)

Nuestro mejor entrenamiento, nuestra más hermosa cita, es encontrarnos con Jesús, cada mañana, cada tarde, cada noche, para escucharlo, para crecer para tener la dirección clara como una brújula apuntando firmemente su flecha hacia dónde vamos. Por eso, no nos perdamos del crecimiento en ese día que dijimos "hoy no", pues, entonces, nuestras acciones responden con firmeza: “Un día sí, otro también”.


 
 
 

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